Hablando sobre la contribución al sostenimiento económico de la Iglesia Católica en España, una comunidad de base quiere contrastar los distintos pareceres que hay entre sus miembros sobre marcar o no la casilla correspondiente en la declaración de la renta ( “Si desea que se destine un 0,5239 de la cuota íntegra al sostenimiento económico de la Iglesia Católica, marque con una “X” esta casilla [105]” ). Desearían recibir opiniones y criterios para conformar una decisión y compartir sus conclusiones en ecleSALia. Durante esta semana podéis responder a este mismo correo ( eclesalia@ciberiglesia.net ), manteniendo la palabra “Fidelidad” en Asunto.
AÑO VII / 8.545 ejemplares
¿FIDELIDAD A LA
IGLESIA?
GONZALO HAYA PRATS
MADRID.
ECLESALIA,
23/04/07.- El cierre de la parroquia de san Carlos
Borromeo en Madrid está sacando a la luz dos posiciones: unos apelan a la
estructura sacramental y jerárquica de la iglesia: “no hay fe verdadera en
Cristo si se prescinde de la iglesia”. Otros apelan, como lo verdaderamente
importante, al mensaje de Jesús, “anunciar la buena nueva a los pobres”, y
consideran secundario el ritual de los sacramentos y el sometimiento a las
decisiones de la jerarquía.
La parroquia de san Carlos Borromeo
es la “anécdota” que nos hace reflexionar sobre una situación más extendida y
más profunda: ¿Fidelidad a la iglesia? ¿a qué iglesia? Sobre esto quiero
reflexionar como cristiano que desea comprender honestamente sus creencias,
aunque no tenga toda la erudición de un profesional de la teología o de la
exégesis, y lamentablemente tampoco la experiencia de un
místico.
Fidelidad ¿a qué iglesia? ¿al pueblo
de Dios? ¿a la jerarquía? ¿a la tradición apostólica?
¿Fidelidad a la tradición
apostólica?
El mensaje de los apóstoles fue
distinto al mensaje de Jesús. Él anunció la llegada del reinado de Dios, la
buena nueva a los desprotegidos. Los apóstoles predicaron a Jesús como Mesías y
Señor, el Cristo de la fe.
La teología se ha basado más en la
tradición apostólica, que en el mensaje de Jesús. Mejor dicho, se ha basado en
una parte de la tradición apostólica, no en toda, porque la tradición de Pedro,
la de Pablo, la de Santiago y la de Juan, tienen discrepancias
importantes.
Más aún, la teología se ha basado en
la selección de determinados elementos de cada tradición apostólica –olvidando
por ejemplo la escatología inminente- y en la interpretación de esa selección
mediante conceptos filosóficos griegos, ajenos a la mentalidad semita de Jesús.
¿Hubiera aceptado el Concilio de Jerusalén que Jesús es de la misma naturaleza
que Jahvé, y que en Dios se distinguen tres personas?
Si fuéramos fieles a la tradición de
Esteban y de Juan rechazaríamos los templos y propondríamos el culto en espíritu
y en verdad.
¿En qué queda la fidelidad a la
tradición apostólica?
Fidelidad a Jesús de
Nazareth
La teología, y más aún la
sensibilidad cristiana, ha vuelto al Jesús histórico. Jon Sobrino es el último
exponente de esta tendencia que ha sido amonestado por el Vaticano por no
resaltar suficientemente el Cristo postpascual, el Cristo de la
fe.
Fidelidad al Jesús histórico. Es
difícil saber qué dijo exactamente Jesús porque los relatos de los evangelios
están impregnados de la interpretación de sus autores y de las tradiciones e
intereses de las comunidades – o iglesias- a las que se dirigían. Por eso no
podemos basarnos en una sola frase transmitida por un evangelista, y menos aún
si no encaja en el conjunto del mensaje de Jesús. Sin embargo los analistas
consideran bastante seguras algunas palabras y relatos transmitidos unánimemente
por los tres evangelios sinópticos.
Ahora bien, ser fieles a la actitud
de Jesús, exacta y literalmente, significaría mantenernos como él dentro de su
religión judía, aunque interpretando en conciencia la centralidad del templo de
Jerusalén, las prohibiciones sobre el sábado, sobre los alimentos impuros y
otras semejantes. Quizás tendríamos que seguir a los ebionitas de los primeros
siglos.
Podríamos pensar que Jesús
resucitado descubrió a los apóstoles un nuevo camino, una religión diferente a
la judía, con nuevas creencias, ritos y mandamientos: sería el camino de la
iglesia, que algunos denominaron cristianismo. Si Jesús hubiera hecho esto, no
se explica la divergencia entre Santiago, Pedro y Pablo, por citar solamente las
más significativas.
Fidelidad por tanto a Jesús de
Nazareth pero fidelidad en espíritu, porque la letra mata.
Fidelidad a
Dios
La gran característica de Jesús fue
su fidelidad a Dios; a Dios como padre. En la cruz experimenta el fracaso de su
vida, se siente como abandonado por Dios, pero continúa religado a Él mediante
el acatamiento y el amor.
Felizmente esta fidelidad a Dios es
patrimonio común con todas las religiones. El Espíritu sopla donde quiere, y no
sabemos adónde va ni de dónde viene.
Nuestra fidelidad a Jesús de
Nazareth no se limita a la confianza en el Padre. Su mensaje nos descubre
caminos más concretos, especialmente el anuncio de la buena nueva, la
predilección por los marginados, la salvación o liberación de los que sufren...
Este mensaje no es exclusivo de Jesús, pero presenta características muy
concretas.
Fidelidad a la propia
conciencia
La fidelidad a Dios que encontramos
en Jesús se enraíza profundamente en su conciencia humana, en su experiencia
religiosa, en la que siente a Dios como Padre, más allá de la tónica general de
los libros sagrados de su religión israelita.
Al leer la Ley y los profetas, la
conciencia de Jesús no retiene la insistencia en la cólera del Señor, en los
castigos al pueblo infiel, o más aún a los pueblos idólatras que lo rodean. ¡Qué
sentiría Jesús al leer que el Señor ordenó acuchillar a los ancianos y a los
niños de pecho de los cananeos! Su conciencia no lo ve como el Señor de los
ejércitos, ni como la Gloria cegadora del Señor, sino como el padre del hijo
pródigo o como el buen pastor.
La fidelidad de Jesús a Dios pasa
por su conciencia más aún que por la doctrina o los ritos de su religión judía.
Su religión le sirve como materia prima para que su conciencia humana
–¡bienaventurados los limpios de corazón!- descubra a Dios como Padre.
Ser fiel a Jesús -fiel en espíritu-
significa ser fiel a la propia conciencia, aconsejados, pero no sometidos, por
la letra o los ritos de nuestra propia religión.
La conciencia no es una facultad
meramente humana. La conciencia es el punto de encuentro, el cordón umbilical
que nos une a Dios. La conciencia es sagrada porque Dios se manifiesta en ella,
en lo más íntimo del hombre, para no alterar desde fuera la autonomía humana.
La conciencia también es engañosa
porque alberga los egoísmos humanos; siempre tergiversa en mayor o menor medida
la voz de Dios. Por eso no basta la conciencia; debe limpiarse con un corazón
honesto. La conciencia de un cristiano se purifica y se clarifica con los
ejemplos y con los libros sagrados de todas las religiones y de todos los
hombres de buena voluntad.
La fidelidad a la propia conciencia
es el punto de encuentro fraterno también con los agnósticos o ateos de corazón
honesto.
¿Reduccionismo?
Con este razonamiento hemos ampliado
la comunidad de los hijos de Dios, hemos vuelto al Génesis, a la creación; pero
¿hemos reducido el contenido de esa fidelidad?
Ciertamente hemos variado el
contenido, pero no lo hemos reducido. La conciencia es más exigente y más
generosa que la ley. Las leyes nos proporcionan una excusa para no ir más allá
en la generosidad, una excusa para no estar atentos a la voz de Dios en la
conciencia, porque ya sabemos lo que Dios ha dicho. ¿Acaso nos sentimos
pecadores porque cada día mueren 4.500 niños por carecer de agua no contaminada?
Claro, la ley no nos obliga a hacer nada para remediarlo.
Fidelidad sí a nuestra conciencia, fidelidad a la voz de Dios en Jesús de Nazareth, en las tradiciones cristianas, y en los ejemplos de otras religiones y de los incrédulos de buena voluntad. Esto es lo que honestamente pienso, aunque sé que todo razonamiento es parcial y sesgado. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).